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ENCAJE DE MALLA

   
 

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          Se llama encaje de malla a una red bordada, como las de pescar peces, claro que con agujeros muchos más pequeños y hecha con hilo, no con cordeles.

          Primero hay que hacer la red y luego bordarla.

Puntilla de malla

          Hoy en día se continúa la tradición de los encajes de malla en Luanco (Asturias). En el resto de la geografía española prácticamente ha desaparecido.

          En el sarcófago del infante D. Sancho, hijo de Alfonso X el Sabio, del siglo XIII, se encontraron dos cojines hechos con una red bordada con punto de cruz de Malta.

          Del siglo XVI en adelante se conservan mayor número de piezas: colgaduras procesionales, reposteros, frontales de cama, colchas... algunas muy ricas y con un repertorio decorativo que nos habla de su uso dentro de los palacios y las iglesias más importantes. Realmente no se puede decir que fueran un producto de artesanía popular.

          Popular era la costumbre, en la zona de Lagartera y Cáceres, de emplear encajes de malla para adornar la "cama novial" o la "cama de vistas", con espléndidas composiciones que repiten los temas que también se encuentran en los deshilados, especialmente los procedentes del mundo de la heráldica: águilas explayadas, leones pasantes ...

Aplicación del siglo XIX          Sin embargo las composiciones más espléndidas parece ser que se hicieron en la provincia de Huelva, especialmente la zona de Puebla de Guzmán. Allí combinan cuadros de malla con telas adornadas con calados, los "bocadillos" o "cortadillo". Son conjuntos muy barrocos, pero armoniosos, como casi siempre ocurre en las artesanías españolas.

          El Instituto Valencia de Don Juan (Madrid), conserva piezas que proceden de esta zona y del País Vasco, donde también parece que hubo una abundante producción, pero en toda la geografía española se hicieron encajes de malla. Se adornaba con ellos las sabanillas que cubren los altares, aunque desde fines del siglo XIX y XX los modelos se toman de composiciones francesas, elaboradas por muy buenos dibujantes, abandonando así las tradiciones decorativas de épocas anteriores.

          Los elementos empleados para hacer la red son la lanzadera, donde se pone el hilo, normalmente de lino o algodón, y el mallero, que puede ser un lápiz, un trozo de cartón, para que todos los bucles tengan un tamaño uniforme.

          El hilo que se empleaba era lino o algodón, que es lo bastante resistente para aguantar sin romperse el tirón que hay que dar para formar los nudos.

          Una vez llena la lanzadera con el hilo se sujeta el inicio de éste con un nudo en un soporte, que puede ser el pomo de una puerta, el remate de una silla... La labor de red se comienza en diagonal haciendo un punto, a la vuelta siguiente dos sobre el bucle del final y así hasta tener el tamaño que se necesita. Una vez alcanzado el tamaño deseado se decrece haciendo un único bucle sobre los dos del final de la vuelta, hasta llegar al último.

          Una vez hecha la red es cuando viene el proceso del adorno de ésta. Normalmente el bordado figurativo se realiza rellenando los cuadros con punto de zurcido en una dirección o de dos direcciones. Aparecen también otros puntos de adorno, tomados de los deshilados y de los encajes de aguja, pero no son muy habituales excepto en los encajes de Luanco, donde se consiguen piezas que compiten con las hechas con bolillos. Puntilla de malla

          Normalmente se utiliza el mismo color de hilo para el bordado y la red porque el comienzo y el remate es difícil de disimular puesto que la base es prácticamente inexistente.

          Para bordar la red hay que tensarla bien para que los cuadros alcancen su máximo tamaño y además de manera uniforme para que el bordado no encoja la red y se deforme el dibujo.

          Esto se hace de varias formas. En el caso de piezas pequeñas se usaban unos marcos metálicos a los que se cose la pieza, añadiendo piezas de tela si el marco es mayor que la pieza. Yo utilizo un bastidor de tapicería, pero también hay unos marcos de madera especiales que tienen clavijas para ajustar el tamaño a la pieza. Lo que desaconsejo absolutamente es el bastidor redondo de tambor, porque alguna red he roto al tensarla y es una lástima después del tiempo que hay que emplear para hacerla.

          Una vez tensada la pieza se borda con aguja roma siguiendo el dibujo hecho en papel milimetrado.

          Cuando se ha terminado de bordar se cortan las partes de la red que sobran y se remata, con punto de festón en el caso de piezas sueltas, o se incrustan en una tela, también con punto de festón o cordoncillo. Las piezas sueltas de gran tamaño conviene almidonarlas muy ligeramente, porque con el paso de los años el hilo de la red de base se hace muy frágil. Quizás debería usarse almidón hasta que la pieza no pierda su forma al lavarla. Desde luego es conveniente que se laven a mano. Si el hilo es de algodón no hay problema, se deja en remojo con detergente, y después se aclara bien, se tiende extendida para que coja la forma y, una vez seca, se plancha.

Puntilla de seda           Según el tamaño de los cuadros de la red de base así será la pieza. En casa conservo unas puntillas diminutas hechas con seda que se usaban para rematar los escotes de las blusas, son de seda y estoy convencida de que la lanzadera usada para hacer la red era una aguja, porque no he visto nunca una lanzadera tan fina para hacer cuadraditos de menos de 2 mm. de lado, que es lo que tienen.

          Las piezas que se pueden hacer y se han hecho con malla, de todo, desde colchas hasta pañuelos, pañitos totalmente de malla o mantelerías con adornos de malla incrustados.

          En el caso de piezas grandes debieran ponerse en espacios que permitan verlas en la distancia porque así no se distinguen prácticamente los hilos de la red y la decoración parece flotar en el aire.

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   Créditos
Textos: María Jesús Viver
Diseño: María Jesús Viver

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