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Itinerario VIII
Este paseo nos muestra obras de arquitectura de los siglos XVII y XVIII que no se identifican mucho con la imagen tópica de la ciudad.
Empezamos el recorrido en la puerta del Cambrón a la que podemos llegar siguiendo el lienzo de las murallas, bien desde la Estación de Autobuses, bien desde la puerta de Bisagra Nueva. Pasada la puerta de Bisagra Vieja podemos fijarnos en las moles de la Diputación, el Nuncio Nuevo, el torreón de los Abades, la iglesia de las Carmelitas Descalzas, etc... En definitiva, lo que el tiempo ha hecho con las murallas, incluida la apertura de ventanas en los lienzos. Ya estamos ante la puerta del Cambrón que conserva cipos funerarios musulmanes a la entrada y en el patio de armas como columnas de los arcos. Cruzamos la puerta y vemos al fondo el perfil de la iglesia de san Juan de los Reyes y el palacio de Maqueda, llamado popularmente de la Cava. En estos lugares se sitúa la leyenda del rey D. Rodrigo y Florinda la Cava, hija del conde D. Julián, hecho que los romances dan como origen de la pérdida de España a manos de los musulmanes. En la acera de la izquierda hay un pequeño jardincillo sobre la muralla. Ante la puerta del caserón de la izquierda, remodelado recientemente, mataron al poeta Baltasar de Medinilla en 1620 en circunstancias que nunca se aclararon y que conmocionaron a la ciudad. El otro lado del jardincillo es ya la iglesia y convento de San José, de las Carmelitas Descalzas, de clausura. Como tantos otros conventos en la ciudad era el palacio que comenzó a construir don Fernando de la Cerda en 1572 y que nunca se llegó a acabar. La iglesia es obra del siglo XVII y conserva muchas pinturas de esa época. Este edificio inmenso es digno de una detenida mirada aunque en principio no parezca muy interesante, sin embargo es un magnífico ejemplar de arquitectura neoclásica y uno de los pocos de arquitectura hospitalaria especializada hechos en España en esa época. A ambos lados del Nuncio Nuevo se abren adarves desde los que se puede disfrutar de buenas vistas de la Vega Baja, además de los nombres que se relacionan con leyendas, como el del Justo Juez recuerda al que condenó a muerte a su propio hijo por haber matado en duelo al padre de la mujer que cortejaba. Por la acera de la derecha los callejones y las portadas de las casas, normalmente muy sencillas, atraen nuestra atención. La calle paralela a ésta, la cuesta de Santa Leocadia, es una de las que dejaremos de lado, aunque tiene un encanto especial y menos tráfico que la que estamos recorriendo. Al llegar al final de la calle Real estamos otra vez en la confluencia de la Subida de la Granja y nos encontramos en la plaza de la Merced que recuerda con su nombre el del convento cuyo solar ocupa la Diputación Provincial obra del arquitecto Agustín Ortiz de Villajos, interesante como ejemplar de la arquitectura de fines del siglo XIX, que no tiene muchos ejemplos en Toledo. En una de las casas de la acera de la izquierda hay o había un patio gótico, porque la casa ha sido reformada con lo cual puede que haya desaparecido. No estoy segura, pero me parece que a esta casa, en la fachada que da a la otra calle, pertenece una galería renacentista que han restaurado hace poco. En el repecho final hay un rinconcito con una puerta que corresponde al convento de Santo Domingo, con otro precioso y sencillo patio de los de Toledo. La calle casi paralela a este callejón es la de los Buzones, que se llama así por los pozos que en ella hay y, que si la siguiésemos, nos conduciría a la plaza de Santo Domingo el Real que vimos en el Itinerario I. Según salimos de este callejón tomamos el que queda enfrente y salimos a la calle de la Merced. Subimos por la derecha, con cuidado, porque tiene bastante tráfico y no hay más remedio que arrimarse a la pared o meterse en un portal cuando pasan. Llegamos a la plaza de las Capuchinas donde está el inmenso convento de la Purísima Concepción, mandado construir por el cardenal Aragón al arquitecto Bartolomé Zumbigo y Salcedo a partir de 1665. Tiene mucha gracia el rincón de la entrada de la portería, además como es una plaza con escalones no tiene coches aparcados, lo cual es una bendición. Subimos por la calle de las Tendillas, que ya también conocemos del Itinerario I, y torciendo a la izquierda llegamos a la plaza de las Tendillas, desde la que tenemos una vista sesgada de la portada de la Universidad de Lorenzana. El nombre de Tendillas se debe a que aquí hubo una concentración de tiendas, que hacía que fuese un pequeño centro comercial en la Edad Media. Aquí hay algún patio con columnas de fundición, grande, pero poco mantenido. Nuestro camino nos lleva por la breve calle de la derecha a la de Alfonso X el Sabio, siguiendo el recorrido el muro de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús hasta desembocar en la plaza del Padre Juan de Mariana y ante la portada monumental de la iglesia de San Juan Bautista, obra de hermano Pedro Sánchez que continuó el hermano Francisco Bautista (1669) y que terminó Bartolomé Zumbigo y Salcedo que era el arquitecto de la catedral en ese momento. Siempre se dice que esta iglesia sirvió de modelo para la del Colegio Imperial o iglesia de San Isidro de Madrid. Desde aquí podemos ver otra vez el remate de la torre de la catedral, vulgarmente llamado el botellero, porque lo parece. Al otro lado de los jesuitas está el convento de la Madre de Dios que se identifica nada más que por las celosías de las ventanas, justo enfrente del callejón de Jesús y María por el que bajamos en el Itinerario VI. Ahora tomamos el callejón de Nuncio Viejo, muy estrecho y con cobertizo, casi una cueva, que nos deja en la calle de Nuncio Viejo. Ahora por vamos a recorrer algunas calles que ya vimos en el Itinerario IV, pero en sentido inverso. Subimos, por la izquierda, la calle de Nuncio Viejo, hasta llegar a la plaza de los Postes o de Amador de los Ríos, donde se conserva la portada gótica del Oratorio de San Felipe Neri, resto de la antigua parroquia de San Juan y alguna portada renacentista. Seguimos por la acera de la derecha y tomamos la calle de San Ginés, continuamos por ella y, sin solución de continuidad, la de la Sal -habrá que fijarse en los carteles, porque esta zona fue también judería y las callejas son de los más liado- hasta desembocar en las Cuatro Calles, que ya conocemos, y bajar por la calle de la Chapinería para deleitarse en la puerta de la catedral, con esculturas del siglo XIV y XV y la espléndida reja, que perteneció a la capilla de San Pedro.
Con este paseo se acaban mis recorridos por la ciudad. Los curiosos impertinentes, como se decía en el siglo XIX, pueden descubrir cosas que se me han quedado en el tintero, por ejemplo el llamado palacio de Benacazón, calles, callejones, patios, iglesias.
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