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los ojos de Minerva

Racional / irracional: una frontera en constante movimiento


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GATO

¿Que en el mundo contemporáneo el simbolismo no tiene fuerza? Quien así piense tiene dos maneras fáciles de salir de su error: 1) que le cuenten los técnicos en publicidad; 2) recurrir al más científico de los gatos que haya existido jamás, el de Schrödinger:

Se encierra a un gato en un cámara de acero en compañía de un "dispositivo diabólico". Este aparato consiste en un contador Geiger en el que se ha colocado una fracción minúscula de una sustancia radiactiva; esta porción es tan pequeña que la probabilidad de desintegración sólo corresponde la mitad de las veces a que se desintegre un átomo, y la otra mitad a que no se desintegre. El contador Geiger está unido a un detector tal que, si encuentra que ha tenido lugar una desintegración radiactiva, un pequeño martillo rompería una ampolla que contiene gas cianuro venenoso. Caso de no detectar una desintegración, no rompería la ampolla. Por consiguiente, si un átomo sufre una desintegración, el pobre gato muere, Si no, sobrevive. Todos sabemos con certeza lo que podríamos observar pasada una hora, si fuésemos lo suficientemente crueles para llevar a cabo este pérfido experimento: el gato estaría vivo, o bien estaría muerto.

Sin embargo, según las herramientas matemáticas de la física cuántica, ¡el gato no se hallaría en ninguna de las dos situaciones!1

Anatomía del gato Sigue la complejidad de la cuántica; lo que aquí nos interesa es algo mucho más trivial, ¿por qué precisamente la elección del "gato"? Si Schrödinger dió alguna vez contestación a esa pregunta, lo ignoramos. El asunto es que esa ambigüedad radical que dimana de la situación del bicho la encontramos, formulada en muy distintos términos claro, en las más diferentes culturas.

En el budismo, por ejemplo, se dice que los únicos animales que no se conmovieron con la muerte de Buda fueron el gato y la serpiente; así que, en primera lectura, no carece de sentido que se les considere animales de mal agüero pero... tampoco es absurdo hacer una lectura en sentido opuesto: su impasibilidad fue debida a su sabiduría.

En el mundo musulmán se le ve de modo favorable... si no es negro.

Desde luego, hay quien se decanta por uno u otro de sus aspectos: el positivo por excelencia lo encontramos en la cultura egipcia, donde matar a un gato era castigado con la muerte. A través de la Diosa Bast, se le asociaba con la luna (debido a la facilidad para el cambio que tienen sus pupilas, una mera línea durante el día y, sin embargo, de noche, dilatadas hasta formar un globo luminoso).

Por contra, en nuestra Edad Media fueron demonizados: eran considerados los mensajeros de las brujas...

Esa doble vertiente también se ve a lo largo de la historia de la literatura: El gato negro de E.A. Poe por un lado y El gato con botas de Perrault son, seguramente, las dos obras maestras que testimonian una y otra manera de sentir.

Probablemente, el origen de esta ambivalencia esté en el ritmo vital de este animal, inverso al del ser humano: gusta pasar el día tranquilo en tanto que por la noche -reino de la oscuridad y lo desconocido por excelencia- desarrolla su máxima actividad vital.

Para resumir y concluir en los propios términos simbólicos de nuestra cultura, nada mejor que este intrigante texto de uno de los evangelios gnósticos:

El primer gobernante violó a Eva y engendró en ella a dos hijos, un primero y un segundo: Elohim y Yahweh.

Elohim tiene la cara de un oso,
Yahweh tiene la cara de un gato.

Uno es justo,
el otro es injusto.

él colocó a Yahweh sobre el fuego y el viento,
y colocó a Elohim sobre el agua y la tierra.

Los llamó por los nombres de Caín y Abel, pues se proponía engañar2

notas

1 Tipler, Frank J. La física de la inmortalidad, p. 226 Volver al texto

2 "El libro secreto de Juan", 13:7-11, en Las enseñanzas secretas de Jesús, ed. Marvin W. Meyer, pp. 111-112 Volver al texto


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Autor: Julio Sánchez Trabalón
Diseño y mantenimiento: María Jesús Viver

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