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los ojos de Minerva

Racional / irracional: una frontera en constante movimiento


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J.S.T
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Ojo

En cualquier cultura el ojo ha mostrado una fuerza expresiva y una capacidad de sugerencia simbólica que es obligado calificar de espectacular: desde el prosaico y bien conocido poder perturbador de la mirada -"mal de ojo"- al 'ayn árabe, que hace referencia tanto al ojo en cuanto componente físico del cuerpo como al origen (en el sentido de fuente, manantial), pasando por cuantas estaciones apetezcamos, las personas han constatado en todo tiempo y lugar cómo el mundo se hacía en derredor de su ojo, ese ojo que recoge una luz a la que hasta los ciegos y las plantas son sensibles...

Todo eso es muy conocido y lo único que aporta es que tengamos que agregar "asombroso" al anterior "espectacular" pero, a nadie sorprenderá que haya más, bastante más...

Nos relacionamos con el mundo a través de las sensaciones que los sentidos nos proporcionan de dos modos distintos: uno, recogiendo datos; otro, "emitiéndolos", expresándonos. En esa dinámica, el ojo es fundamental en nuestro hacer el mundo porque su potencia se muestra como muy superior a la de cualquier otro sentido, ya que llega hasta donde es incapaz de alcanzar ninguno otro. Por eso, Un ciego nos pone incómodos no porque no pueda ver -eso es problema de él y nosotros lo percibimos sólo de una manera oscura- sino porque no nos transmite por medio del movimiento de sus ojos el mensaje que esperamos y necesitamos para conocer y cerciorarnos del estado de nuestra relación con él1.

Quien más, quien menos ha constatado en algún momento que eso es así y, entre las muchas cosas que implica, hay una muy clara y evidente: que los sentidos en general y los ojos en particular son expresión de vida. Por eso no nos puede extrañar que de una u otra forma, el simbolismo del ojo esté relacionado con el sexo; ¿quién no ha oído hablar de Edipo?...se ciega como castración por haber cometido el delito de poseer a Yocasta. La identificación del ojo con el sexo converge en la noción de ambos órganos como orígenes del poder vital; es una asociación parecida a la que relaciona los ojos con las manos, aunque más profunda y sutil...2

En otros términos y con otro tipo de implicaciones, también aparece la pasión erótica en la historia de Argos, el gigante de los cien ojos...

Desde este punto, tampoco nos puede extrañar la identificación del ojo con el disco solar: en el Rg Veda (X, 90) se dice que el sol es el ojo de Purusha; la misma identificación también la encontramos más cerca de nosotros -con una sensibilidad distinta, claro- en Egipto; recurramos de nuevo a Cirlot: Los himnos al dios sol del faraón hereje Akenaten, de la XVIII dinastía, son posiblemente las más altas versiones del sentimiento de amor a la Tríada constituida por el sol-luz- espíritu, en comunicación con el ojo como disco solar3

Si nos acercamos más a nuestro mundo, en la cábala judía hay también datos de interés con relación a esto: Notable es también la costumbre [...] de recitar los salmos sabáticos con los ojos cerrados, la razón de lo cual es, según los cabalistas, que a la Sejiná en el Zohar se la denomina "la virgen bella que carece de ojos", la que se ha deshecho en llanto en el exilio4

Y ya en nuestro propio contexto cultural, la referencia obligada es San Juan, su "visión" del Apocalipsis [4, 4-8]: Vi veinticuatro tronos alrededor del trono, y sentados en los tronos, a veinticuatro Ancianos con vestiduras blancas y coronas de oro sobre sus cabezas. Del trono salen relámpagos y fragor de truenos; delante del trono arden siete antorchas de fuego que son los siete Espíritus de Dios. Delante del trono hay como un mar transparente semejante al cristal. En medio del trono, y en torno al trono, cuatro Seres llenos de ojos por delante y por detrás. El primer Ser es como un león; el segundo Ser como un novillo; el tercer Ser tiene un rostro como de hombre; el cuarto Ser es como un águila en vuelo. Los cuatro Seres tienen cada uno seis alas, están llenos de ojos todo alrededor y por dentro...

Las preguntas, claro, se siguen sucediendo: ¿tantos ojos? ¿Cómo leemos desde aquí el par de ojos "normal"? Pues eso, normalidad física y espiritual. Cuando ese no es el caso hay distintos matices: siempre supone un simbolismo de fuerza y potencia, pero mientras en el caso de un solo ojo hay cierta ambivalencia -Polifemo es infrahumano- en el caso de tres ojos el simbolismo es siempre supra-humano. Paradigmático en este sentido sería el danzante Shiva: con las tres fases de su acción su simbolismo enlaza con el del "tres", exactamente igual que en la tradición cristiana el triángulo con el ojo en su centro, símbolo de la vigilancia y cuidado de las criaturas por parte de Dios y, por añadido, de la Santísima Trinidad.

Ya que hablamos de relación, aquí se ve muy claramente la enorme riqueza y complejidad del símbolo "ojo"; los símbolos con los que se relaciona son sutiles y con abundancia de matices como pocos: en las primeras líneas pasábamos de puntillas sobre "luz", difícil de parangonar con ningún otro símbolo, pero también está "espejo", el propio "tres" que acabamos de mencionar, y "sol", y "fuego"...

Ahora sí que podríamos remitirnos al principio y afirmar "más que suficiente" de manera harto justificada, ¿verdad?, pero... hay más: este chaparrón de material de estudio que hemos apuntado coincide en que todo se remite a una línea "práctica", es decir, al símbolo tal como lo encontramos, aquí y allí, plasmado en la vivencia de las gentes, lo que no quiere decir que una reflexión "teórica" del tema no ofrezca un campo menos sugestivo.

¿Motivo? Ese "¿Es que no lo ves?" que entre asombrados e indignados tantas veces arrojamos injustamente sobre nuestro perplejo interlocutor: los griegos, nuestro referente cultural por antonomasia, plasmaron lo que veían sí, pero, antes, lo que sus vecinos egipcios habían puesto en sus expresiones plásticas era lo que sabían que existía... igual que después: los artistas medievales aprendieron a expresar lo que sentían... Y no se trata de que los artistas siempre y en todo lugar hayan sido gente rara, como quizá piense ingenuamente alguien...

Ojo mecánico ...una entera escuela de juvenil pintura comenzó por el reconocimiento de un niño aborigen dotado que repentinamente gritaba: "¡Oh! ahora me doy cuenta, ustedes no pintan la cosa en la forma en que la conocen; ustedes la pintan de la manera en que la ven"5.
¿Niños de pueblos raros? ¡Para nada! Heinz von Foerster, uno de los científicos de más sólida formación y más prestigio intelectual de nuestros días, comenta en los siguientes términos al "sospechoso" Castaneda: Don Juan dice: "¿Ves esto...?", y Castaneda dice: "¿Qué? Yo no veo nada". A la vez siguiente, don Juan dice: "¡Mira aquí!" Castaneda mira y dice: "No veo absolutamente nada". Don Juan se desespera, porque quiere realmente enseñarle como ver. Finalmente don Juan encuentra una solución: "Ahora veo cuál es tu problema. Tú sólo puedes ver las cosas que puedes explicar. Olvídate de explicaciones, y verás". Tú te sorprendes porque abandonas tu preocupación por las explicaciones. Entonces, puedes ver. Espero que continúes sorprendiéndote6

Seguramente, todo parte de que nos olvidamos de lo que dicen esos datos primarios, que consideramos tan objetivos y a los que tanto crédito damos: el ojo humano distingue millones de impresiones cromáticas diferentes.¿De cuántos vocablos disponemos para referirnos de modo inequívoco a ellos? ¿Unos pocos miles? ¿Hace falta entrar en la precisión de las cifras?

En fin: es obvio que no hay otro modo de poner punto final a semejante abanico de cuestiones más que con algo similar al "continuará" de los seriales antiguos; en ese sentido, no parece haber nada mejor que recordar el enorme prestigio del término "visión", al que Jung alude con la leyenda de cierto rabí... Ante él que acudió un discípulo y preguntó: "Antiguamente hubo hombres que vieron a Dios; ¿Por qué hoy no los hay?" El rabí respondió: "Porque hoy nadie puede humillarse tanto". Hay que humillarse algo para sacar agua del torrente7

notas

1 Bateson, Gregory Pasos hacia una ecología de la mente, p. 397. Volver al texto

2 Cirlot, Juan-Eduardo El ojo en la mitología. Su simbolismo, p. 30. Volver al texto

3 Ibidem, p. 18. Volver al texto

4 Scholem, Gershom "Tradición y nueva creación en el rito de los cabalistas", en La Cábala y su simbolismo, p. 155. Volver al texto

5 Mead, Margaret La antropología y el mundo contemporáneo, pp. 119-120. Volver al texto

6 Foerster, Heinz von "Desorden/orden: ¨descubrimiento o invención?", en Las semillas de la cibernética, p. 121. Volver al texto

7 Jung, C.G. Recuerdos, sueños, pensamientos, p. 359. Volver al texto


Créditos
Autor: Julio Sánchez Trabalón
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